lunes, 22 de octubre de 2007

DENNIS RESUCITA EL MITO DE LA 'PÉRFIDA ALBIÓN'


Ver a cientos de asturianos bañarse en las fuentes de Oviedo para celebrar la victoria de un finlandés resulta paradójico, más propio de un chiste de nacionalidades (el francés suplido por el finés). Pero no hay mejor explicación que la sonrisa disimulada en la cara de Alonso después de perder el Mundial de Fórmula Uno. La razón, la hecatombe de Hamilton, pero sobre todo el ridículo de McLaren, la escudería por la que Alonso dejó el equipo que le dio la gloria, Renault, para trasladarse a la eternidad del triunfo, y de la que probablemente volverá a sus orígenes como el gran villano.

En esto tiene mucho que ver la guerra mediática librada por una prensa, la española, más patriótica que nunca -superando el despilfarro de portadas panfletarias a las que nos acostumbre mundial de fútbol tras mundial de fútbol- y el aliciente perfecto para retomar la vieja expresión de la 'Pérfida Albión' adoptada por el franquismo para resumir su acrimonia hacia la nación que acabó con la Armada Invencible. Hablo, claro está, de Ron Dennis. Como en casi todo, no fue original el caudillo, pues el concepto de 'Pérfida Albión' fue acuñado a finales del siglo XVIII por el poeta francés Augustin Louis Marie de Ximénèz para espolear a sus compatriotas en el ataque naval al enemigo inglés en aguas británicas. Y como lo primero que se ve de las Islas cuando se parte de Gallia -entendida en su concepción griega y no latina- son los blancos acantilados de Dover, eligió el término Albión, procedente del latín 'albus' (blanco).

Napoleón, Argentina en la Guerra de las Malvinas o España con el caso de Gibraltar se han encargado de mantener viva esa anglofobia que parecía desterrada en nuestro país con el creciente europeísmo al que nos obliga tanto referéndum manipulado. Sin embargo, el favoritismo de Dennis por su niño malcriado Hamilton y la tardía sinceridad de Alonso -quien no rajó abiertamente hasta verse contra las cuerdas tras acabar cuarto los entrenamientos oficiales de China y ver enterrada toda opción, pese a que Hamilton haya obrado la mitad del milagro a posteriori- han servido la carroña que ha alimentado durante toda la semana nuestros más primitivos deseos. La muerte del enemigo matiza la propia. Raikkonen, hijo de una familia unida, supo sacar tajada, aunque McLaren se resista a aceptar la derrota y pruebe fortuna con el argumento de los recursos, que tan buen resultado le han dado hasta ahora. Quien no se consuela es porque no quiere.

1 comentario:

Anónimo dijo...

El campeonisimo español las ha pasado canutas en la siempre Pérfida Albion